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Qué ver en Baden

11 colaboradores

4 cosas que hacer en Baden

Ciudades en Baden
Baden
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Baden, pueblo chiquito de Suiza, pintoresco, precioso, un lugar para encontrar tranquilidad y belleza.
De interés turístico en Baden
Stadtturm
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Ya lo hicieron los romanos en su momento, y les copiaron famosos como Goethe o Nietzsche. Todos fueron a Baden a disfrutar de los saludables 47 grados de sus aguas termales. Y sus 18 fuentes están custodiadas por la inmensa y compacta Stadtturm. Ella abre o cierra camino a la ciudad medieval o Altstadt desde el siglo XV, y es famosa por la belleza de su característico remate con salientes en los ángulos y por ser la única superviviente del sistema defensivo de la ciudad medieval. Su verdadero nombre es Brugger o Torre de Bader y es quizá el patrimonio más y mejor conservado por los habitantes de Baden, que incluso la embellecieron con ladrillos de los tres colores de la ciudad- negro, rojo y blanco- y la renuevan y cambian constantemente, ya sea para su conservación o para reparar desperfectos, como ocurrió en 1990 cuando su parte superior resultó muy dañada por una tormenta. La última reconstrucción, quizá la más completa se hizo en 2008, cuando tras consultar archivos históricos se ajustó todo el entramado arquitectónico al original, por lo que en teoría, la que vemos es la más fiel de las imágenes de la torre original. Una auténtica belleza suiza. Y claro, como en los cuentos de hadas, hasta 1985 sirvió de cárcel de la ciudad, por lo que se cuentan muchas historias románticas sobre sus moradores. Pero claro, para saberlas hay que ir a Baden....
Spa en Baden
ThermalBaden
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Nuestra visita a Baden la recordaremos, principalmente, por haber pasado unos momentos increíbles en este recinto termal. Actualmente está de reformas, pues están ampliándolo y en plena excavación de restos arqueológicos de la época romana, y eso hace que los alrededores estén algo destartalados, y con grúas, pero a excepción de eso sigue siendo un lugar espléndido donde remojarse en aguas calentitas y repletas de minerales. Tienen también una cafetería donde tomarse algo antes o después del baño. La entrada individual para el baño son 16 chf (francos suizos), y puedes estar dos horas, te dan una llave para la taquilla y dejas 5 chf de fianza que te devuelven a la entrega de la llave antes de irte, están al lado de los cambiadores, pero en las taquillas no te aconsejan que dejes nada de valor, para ello hay unas pequeñas consignas que funcionan con monedas de 2 chf. Por las toallas no os preocupéis, os las proporciona el centro, una vez salgais del agua os las acercan bien calentitas; así que sólo tenéis que llevar las chanclas, el gorro no es obligatorio. Tras ponernos el bañador sólo queda pasar por la ducha y al agua patos! Tienen dos piscinas, una cubierta y otra al aire libre, una a 36ºC y la otra a 37ºC una temperatura más que agradable, sin llegar a quemarte. Son bastante grandes y en ellas podemos encontrar zonas de corrientes, sillas de burbujas, pequeños jacuzzis y chorros de agua a diferentes alturas. La de fuera está rodeada de vegetación y puedes contemplar el paisaje mientras estás en remojo, totalmente relajado. Resaltar que estaba todo muy limpio y cuidado. Cuando estuvimos hacía frío y lloviznaba, y lo que podría haber sido un contratiempo se convirtió en un encanto añadido; salimos a la piscina exterior y del agua salía vapor, creando una atmósfera mágica, los pájaros revoloteaban cantando por los árboles y las gotitas frías de lluvia caían lentamente sobre nuestra cara, mientras nuestro cuerpo se mantenía caliente bajo las aguas termales...
Iglesias en Baden
Iglesia de Mariä Himmelfahrt und Hl. Damian
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Es realmente increíble el contraste. Aunque por fuera no es fea, ni siquiera mediocre, ya que tiene cierta belleza gótica, pocos pueden imaginar, y por ello pasan de largo por delante de ella, los tesoros que esconde esta iglesia católica que encontramos escondida en las calles de Baden. A mí me llamó el colorido tejado de su torre y me invitó a acercarme a conocerla. El contraste que comento es resultado del un hecho muy simple: mientras que la estructura es del siglo XV, todo su interior fue barrocamente retocado en el XVII, con lo que encontramos en ella todas las características del estilo artístico pero esta vez en una luminosa combinación de blanco y dorado. Quizá lo que más podría destacar son las preciosas pinturas que adornan el templo y la luz que entra por las sencillas ventanas y que hace brillar los estucos y los altares de la única iglesia que ha permanecido católica, sobreviviendo a la Reforma del protestantismo. Es una pena que el magnífico tesoro sólo se pueda visitar con cita previa, ya que al parecer guarda valiosos objetos sagrados y reliquias del siglo XV. No nos olvidemos de rodear la iglesia para ver un precioso crucifijo, donde la gente de los alrededores viene a pedir milagros y la pequeña capilla/ osario de San Sebastián.