Estamos ante un castillo atípico donde los haya. De hecho, el denominado como Castillo de Tvrdalj no es una fortaleza de aspecto militar situado en un alto como muchos de los castillos que conocemos. Por ello, más que... leer más
Estamos ante un castillo atípico donde los haya. De hecho, el denominado como Castillo de Tvrdalj no es una fortaleza de aspecto militar situado en un alto como muchos de los castillos que conocemos. Por ello, más que por el nombre de Castillo de Tvrdalj, se le conoce por haber sido la villa o residencia estival del escrito y poeta croata Petar Hektorović.
Al parecer, este rincón le inspiraba para la escritura de sus obras y poesías tradicionales sobre la vida de la isla de Hvar, centrándose sobre todo en recoger y "moldear" canciones e historias de pescadores de esta región que tanto le fascinaba.
Ante los repetidos ataques y asaltos que sufrían los habitantes de la isla de Hvar, en especial los de Stari Grad, Petar Hektorović decidió "fortalecer" su residencia de verano y dotarle de mayor robustez y aspecto más de castillo, ya que su casa se sitúa a orillas del mar, al final de la larga y estrecha bahía de Strai Grad.
Es por esa reconstrucción que hizo en su residencia estival que se le conoce a este monumento histórico como Castillo de Tvrdalj.
Vista desde fuera, las dimensiones de la casa son enormes, destacando sobre todo su enorme fachada, que tiene una altura más que considerable, y donde se aprecian algunas almenas del "castillo". Ya en el interior, uno ya se puede olvidar de que está en un castillo, ya que aquello se convierte en un auténtico remanso de paz que a buen seguro le ayudaba a escribir poesía a Petar Hektorović.
Destaca en su interior el estanque de agua salada que alberga numerosos peces, la principal atracción de esta casa-museo. El estanque se comunica con el cercano mar a través de un estrecho canal interno por donde entra y sale el agua. Me habían hablado de la variedad de peces de agua salada que conviven en el estanque, pero sinceramente, para mí fue un poco decepcionante, ya que diría que no vía más que 1-2 especies distintas, eso sí, había unos cuantos. Impresiona el grosor de los muros y arcos que rodean el estanque, y sobre todo, las escrituras en latín y croata que se pueden observar tanto en un extremo del estanque como en la puerta de entrada a la casa.
Aparte del estanque, merece la pena darse un garbeo por el gran patio y jardín por los que hace muchos años paseaba el poeta ideando nuevos versos y poemas. Hay numerosas plantas, pequeños viñedos y largas trepadoras que le dan un aire bucólico y melancólico al entorno. También es de recibo acceder por unas escaleras a la segunda planta o a la parte alta de la muralla del castillo, desde donde se obtiene una bonita panorámica de la zona próxima al castillo y desde donde uno se da cuenta de la extensión que tiene el jardín de la casa.
Lo dicho, este castillo-casa-museo del más iluste habitante de Stari Grad es un rincón curioso, sobre todo por su extraña arquitectura y por su famoso estanque de peces de agua salada. He de decir que personalmente me decepcionó un poco, sobre todo el estanque de peces, que me esperaba fuese más grande y con más variedad de peces, por lo que me pareció un poco "robo" que cobren (creo que) 7 € para entrar y dar simplemente una vuelta por el interior de la casa, sin explicación ni guía alguno. Pero bueno, también admito que me gustó la sensación de caminar por una estancia y un jardín donde un poeta, en medio de un auténtico remanso de paz, escribía versos y canciones sobre las constumbres de la gente de la isla de Hvar. Por ello, me quedo sin duda con la tranquilidad, el silencio y la "culturalidad" que se respira en esta villa de Petar Hektorović, un rincón cultural a más no poder.