Hoy tenemos programado acercarnos hasta la Villa de la Orotava, pues se celebra la Romería de San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, que está declarada de Interés Turístico Nacional. Madrugamos mucho, pues tenemos más de una hora de coche hasta llegar y queremos ver, aparte de la fiesta, los múltiples atractivos de la villa pues está catalogada como Conjunto Histórico-Artístico. Un par de kilómetros antes de llegar hicimos una parada en el mirador de La Resbala, desde donde hay unas vistas geniales de todo el valle.
La Orotava formaba parte del menceyato de Taoro, el más rico y extenso de los 9 reinos en los que se dividía la isla. Está rodeada de verdes y fértiles valles, y la villa se caracteriza por sus calles empinadas y adoquinadas y sus grandes casonas. Está estructurada en dos zonas: Villa Abajo y Villa Arriba. En Villa de Abajo es donde vivía la nobleza y los personajes más pudientes, por lo que se caracteriza por grandes mansiones construidas en los siglos XVII y XVIII, además de iglesias y conventos. La Villa de Arriba era la zona más humilde, donde habitaban carpinteros, agricultores y artesanos; aquí se pueden ver casonas de piedra con grandes ventanales de madera y rodeadas de huertos.
Visitamos cada uno de los rincones de la villa, pero de los que más pueden llamar la atención son: la calle Carrera (la principal), los preciosos jardines aledaños a la casa de los marqueses de la Quinta Roja con el mausoleo del marqués Diego Ponte, los molinos de agua utilizados para moler el grano del gofio (principal alimento canario en el XVI), las Casas Consistoriales y la plaza del Ayuntamiento, el Hospital de la Santísima Trinidad (desde donde hay unas estupendas vistas del valle de la Orotava), las Casas Ponte Fonte, Méndez-Fonseca, Jiménez Franchi y la Casa del Turista. Comimos en una de estas emblemáticas casas del siglo XVII, reconvertida en alojamiento y restaurante: la Casa Benítez de Lugo. Tiene un patio precioso, y estaba muy concurrido y animado, con música canaria sonando a todo volumen por los altavoces, pero la comida, a pesar de tener varios premios en su haber, no nos gustó en absoluto, y las raciones eran muy escasas.
En La Orotava hay también hay un buen número de iglesias y ermitas, pero la más llamativa es la barroca de la Concepción, donde se realizaron los actos religiosos de la romería. Los actos festivos comenzaron a las 11.30h de la mañana con una misa cantada en dicha parroquia, en la que tuvo lugar una tradicional ofrenda de frutos del campo. La iglesia estaba preciosa, toda adornada con flores y estandartes, y todo el mundo en el pueblo iba ataviado con los trajes regionales típicos de la zona. Al finalizar la misa comenzó un desfile de 80 carros tirados por bueyes o caballos, que partía desde la Villa de Arriba, hasta la de Abajo, en la que prácticamente participaba todo el pueblo, niños y mayores. Iban cantando, bailando, tocando instrumentos típicos artesanales, y curiosamente, cada carro llevaba una especie de barbacoa en la que iban asando carne que repartían entre los espectadores, además de huevos cocidos, vasos de vino, palomitas de maíz… La romería no finalizó hasta las 18h y fue una auténtica fiesta, muy animada y digna de ver. Me encantó!
Al finalizar fuimos a visitar el Pueblo Chico que se encuentra a unos pocos kilómetros de distancia (salida 35 de la autopista TF-5 dirección a Icod). Es un museo al aire libre en el que se exhiben miniaturas a escala de todos los lugares emblemáticos de las islas Canarias; de Tenerife estaba por ejemplo la Catedral de La Laguna, el aeropuerto Los Rodeos, el Gran Drago, la Basílica de La Candelaria y el Auditorio de Santa Cruz. La exposición está muy lograda, con todo lujo de detalles, y permite apreciar realmente cómo es cada uno de los edificios, ya que en muchas ocasiones no se tiene una perspectiva tan global y detallista como ésta al verlos en la realidad. Tras la visita, regresamos a nuestro alojamiento en El Médano.