Split es una de las ciudades más bellas de Croacia y también una de las más visitadas por los turistas, sobre todo, desde que la UNESCo declaró su centro histórico Patrimonio de la Humanidad. En esta ciudad se puede hacer de todo y se encuentra de todo, desde unos paisajes verdes espectaculares, sobre todo en su extremo occidental, ya que está formado por un enorme parque montañoso lleno de árboles, hasta industrias de barcos, un puerto inmenso o un ambiente festivo a cualquier hora del día. Esto es sin duda lo que más me sorprendió de la ciudad, que puedes hacer y ver todo lo que te imagines. El centro histórico es una auténtica maravilla. Cuando fuimos a Split yo ya estaba bastante saturada de monumentos e historia, ya que antes habíamos recorrido bastantes lugares con restos de hace siglos, pero he de reconocer que en cuanto vi el Palacio Diocleciano y todos los alrededores me quedé fascinada, ya que se encuentran en un estado de conservación espectacular y además se trata de una arquitectura tremendamente bella que, por lo menos yo, no estaba acostumbrada a ver. La gente de esta ciudad es muy amable y eso también hace que te encariñes de Split. Y, los paseos por el puerto son inolvidables, ya que han creado una especie de paseo marítimo gigante que hace que no sientas en ningún momento sensación de agobio o aglomeración a pesar de que hay cientos de personas visitando la ciudad. No me suelen llamar mucho la atención las ciudades grandes, lo reconozco, porque pienso que no tienen jamás el encanto de los pueblos pequeños, pero Split es una excepción, sin duda.