Ir a la Capadocia supone entrar en un mundo diferente donde los paisajes se convierten en valles repletos de ceniza volcánica con inmensos pináculos de piedra que parecen moradas de hadas (se les denomina chimeneas de hadas) y donde podemos encoentar cientos de iglesias y carvernas de tiempos remotos que se encuentran incrustadas en las rocas. Por si fuera poco, los pueblecitos de esta zona son auténticas joyas repletas de tradición donde la tónica fundamental es la calma y la tranquilidad. A pesar de la explotación turística que ha sufrido la zona en los últimos años, Capadocia sigue conservando sus raices y su belleza de una forma espectacular y es una visita más que olbigada para todos los que deseen conocer Turquía. Los conos de piedra que forman el paisaje de capadocia se han ido formando por rocas volcánicas piroclásticas no consolidadas que han creado esculturas asombrosas gracias a la acción del agua y de la erosión. En estas rocas se puede disfrutar de otro de los grandes espectáculos de Capadocia, las increíbles tonalidades que van adquiriendo los interiores de las rocas gracias a la luz que se filtra a través de los agujeros que poseen. Capadocia no es una zona excesivamente grande, así que se puede ver en varios días. El problema es que tiene tanto encanto e inspira tanta tranquilidad que la mayoría de las personas que se acercan hasta aquí quieren pasar más tiempo del previsto. Entre los lugares más destacados está Göreme, aunque en los últimos años se ha llenado tanto de turistas que ha perdido un poquito de su encanto, y Uchisar, que posee un castillo espectacular desde el que se pueden contemplar las vistas más bellas de toda Capadocia. Estos dos lugares son prefectos para explorar la zona y ambos cuentan con un buen número de alojamientos y de restaurantes.