La antigua Delfos es el yacimiento de Grecia que más me impresionó de todos los que vi. Está situado en las laderas del monte Parnaso y esta ubicación le da un toque de misterio y de magestuosidad único, ya que los restos de esta antigua ciudad se encuentran escondidos y mezclados con un paisaje precioso y completamente verde por el que se pueden dar miles de paseos. Además, las vistas desde la antigua Delfos son excepcionales, se puede ver el golfo de Corinto extendíéndose hasta que desemboca en un valle de olivos. Delfos forma parte del Patrimonio Mundial no sólo por las ruinas que posee, sino también por el enclave en el que se encuentra ubicado. Según la mitología griega, este emplazamiento fue selecionado por Zeus, quien soltó dos águilas desde los extremos de la tierra y se cruzaron justo allí, por eso en Grecia a este lugar se le consideraba el ombligo del mundo. Entre las miles de maravillas que se pueden ver destaca el santuario de Apolo y, sobre todo, el templo de este Dios, el Santuario de Atenea, el estadio y el gimnasio, la vía sacra, el teatro y por supuesto el museo, donde podemos encontrar algunos de los tesoros que se lograron amasar en la Antigua Delfos. Además, también destaca el conocidísimo oráculo de Delfos, que era el más poderoso de Grecia y estaba situado en la entrada de una sima de donde emanaban vapores sulfúricos. Los griegos hacían cola ante este elemento para pedir consejo divino. Si no tenéis una fecha elegida para visitar tanto este lugar como Grecia en general, yo os recomiendo que lo hagáis en enero o febrero. Es invierno pero el clima es cálido y además de no tener que hacer colas para ver las cosas ni de tener que abrirte paso entre todos los turistas, la entrada a la mayoría de los lugares que hay que visitar os saldrá gratis.