Venecia es una de las ciudades con más encanto de Europa. En ella podemos contemplar una perfecta armonía entre el mar y la tierra, los coches desaparecen casi por completo y parece que nos trasladamos a otra época, donde no hay atascos, ni ruidos, es decir, la tranquilidad reina por todas las calles, sobre todo cuando nos salimos del centro. Para desplazarse de un lugar a otro hay dos opciones, o bien lo hacemos por mar en las góndolas (es muy bonito pero muy caro), o lo hacemos en los vaporetos, que son barcos-taxi bastante cómodos y mucho más económicos. Si preferimos recorrer Venecia a pie tendremos que llevar un calzado cómodo. Al igual que el resto de ciudades italianas Venecia está lleno de iglesias y monumentos y podemos encontrar auténticas joyas como es la basílica de San Marcos o el palacio Ducal. Los puentes de la ciudad tienen una armonía perfecta y le dan un toque mágico. El único inconveniente que tiene Venecia es que es excesivamente turística. Los precios están por las nubes y recomiendo a todos los que vayan que se fijen muy bien en los precios antes de sentarse a comer en cualquier restaurante. También vemos el exceso de turismo en determinadas actitudes, una de las que más me molestó fue que te olbiguen a pagar para poder entrar en las iglesias, sigo sin concebirlo. Además, si vamos en determinadas épocas del año podemos encontrar demasiados turistas que le quitan el encanto a la ciudad. Otra época que tampoco es recomendable para viajar a venecia es el verano, ya que con el calor que hace los canales desprenden un olor bastante desagradable. A pesar de todo Venecia merece la pena, es uno de los destinos más románticos a los que he ido y recomiendo a todos los paseos por los canales al anochecer, parece que estás en un cuento de hadas. En cuanto a los días que hacen falta, cuantos más mejor, por supuesto, pero en tres días normalmente da tiempo de sobra para ver los edificios y los lugares más emblemáticos de la ciudad.