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30 de Noviembre de 1999 Estocolmo
Estocolmo se presenta como una de las ciudades más bellas y distintas del norte de Europa. Cualquier zona es buena para comenzar la visita, aunque una de las mejores quizás sea el Ayuntamiento, entre otras cosas porque si venimos en coche por allí no hay parquímetros, lo contrario que en el resto de la ciudad. Luego se puede volver a recoger el coche andando o en metro.
En el Ayuntamiento podemos subir a la parte más alta y disfrutar de una bella imagen panorámica de la ciudad vieja, los orígenes de Estocolmo, y así hacernos una idea de lo diferente que es la urbe que vamos a visitar. Los canales y las numerosas islas que la conforman hacen de ella una ciudad distinta. Dejando atrás el Consistorio podemos seguir paralelos al canal y llegar andando hasta la Estación central. Desde allí, conviene y merece la pena perderse por las pequeñas calles de esta vieja ciudad en las que cada rincón es diferente. Aquí es mejor no seguir las indicaciones de los mapas y dejarse llevar por los instintos. Uno puede descubrir cientos de lugares preciosos adentrándose por las casi imperceptibles callejuelas que surgen de la nada. Así, se pueden encontrar plazas o fuentes escondidas por todos los lados. Justo en frente , al otro lado del canal, se encuentra la parte moderna de la ciudad, donde los hoteles y edificios de oficinas le dan un aire mucho más moderno a la ciudad, que aun así no pierde su esencia. Son las dos caras de una ciudad abierta a todos.
Tras este paseo, lo mejor es dar una vuelta por una de las calles más comerciales de Estocolmo y comer allí. Es la calle Klarabergsgatan. De camino podemos pasar por delante del Teatro Nobel, donde se dan los premios que llevan su nombre y por otros lugares de interés cargados de historia, como pequeños palacios o auditorios.
Estando en esta calle comercial, llena de cines, restaurantes y tiendas, podemos comer allí en cualquier lado, donde los platos más típicos son el salmón o la carne de alce. Tras la comida, lo mejor es un paseo tranquilito por las plazas de alrededor para luego darse una vuelta por alguna de sus islas. Una de ellas, Langholmen, es como un enorme parque rodeado de agua en el que hay un embarcadero y a donde los suecos acuden los días que hay buen tiempo.
Para concluir la jornada, una buena opción es tomarse un cóctel y/o cenar en el restaurante Brasserie, frente a la isla de los museos, donde unas buenas vistas acompañarán nuestra comida.