El caso era desconectar y bien que lo hicimos. Cogimos un avión a Barcelona y de allí un cercanía, que iba pegadito a la playa, hasta Mataró donde nos quedamos en el Hotel Castell de Mata. Esa misma tarde fuimos a un concierto de Antonio Orozco en la sala clap. Estuvo genial. Al día siguiente decidimos ver Mataró. Desayunamos Pan Tumaca y llegamos hasta el puerto donde hicimos "tapping" (vamos que nos fuimos de tapas). No había mucho que ver en Mataró pero callejeamos y desconectamos del mundo. Al día siguiente tocó Barcelona y empezamos fuerte: La Sagrada Familia. Había estado otras veces pero siempre impresiona. Luego almorzamos justo en frente en El Hornero. Muy buena la comida y a más o menos buen precio. Ramblas, Barrio Gótico y al Puerto de Barcelona... Día de pateo, tiendas y un toque cultural. Y el último día tocó Blanes. Allí fuimos directamente al Jardín Botánico, una preciosidad. Luego almorzamos en el restaurante Celer Sant Antoni, ¡De vicio! Con el atardecer volvimos a Mataró donde callejeamos otro poco y nos echamos unas risas en la ludoteca Kaola. Y finalmente a la mañana siguiente nos volvimos con el primer rayo de sol... Un viaje corto pero intenso y sobretodo muy gratificante.