A medio camino entre Vientiane y Luang Prabang se encuentra Vang Vieng. Es una parada obligada por la belleza de sus montañas. Bañadas por el río Nam Song se recortan en extrañas y caprichosas formas como si acabarán de nacer y el viento y el agua no hubieran tenido tiempo de erosionarlas. El desarrollo turístico empieza a estropear la tranquilidad. Hoy existe la opción de tomar una pizza viendo Spiderman o Friends en la pantalla gigante de un bar, pero también queda el encanto en de una pequeña población rural. Por cuanto tiempo no se sabe.