Como todos los templos japoneses, es un recinto de paz y tranquilidad en medio del ajetreo de ciudades tan pobladas. Sin embargo no deja de sentirse cierta tristeza alrededor de los edificios, como que nos transportan inmediatamente al pasado remoto y nos hacen sentir un tanto fuera de lugar, aunque emocionados por la sensación de descubrimiento que va unida.
En el parque de Ueno se puede encontrar este precioso templo que hace pararse al viajero un rato para admirar su belleza y pensar en el pasado. En el tiempo. Es el típico templo que sorprende al occidental por su tranquilidad y que te deja hipnotizado frente a él sin ser tan espectacular a primera vista.