Esta gran extensión de agua salina, declarada parque natural y que antaño era parte importante de la economía local, ofrece un bellísimo panorama al atardecer cuando las aves, entre las que destacan los flamencos, comienzan a llegar y muestran sus siluetas a la puesta del sol. Sobre los estanques, rodeada de agua, destaca la vieja torre de piedra que servía para vigilar las propias salinas.
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