Teníamos excelentes referencias del...
Teníamos excelentes referencias del restaurante Sao Rosas, por lo que cuando llegamos a la oficina de información y turismo y nos dijeron que este local cerraba los lunes, nos sentimos bastante decepcionados, estaba diluviando, acompañados en todo momento de una persistente niebla que no nos abandonó durante todo el viaje, y el único consuelo que nos quedaba, ya que no podíamos admirar el paisaje, era darnos un homenaje en este templo de la gastronomía y justo el lunes era el día de cierre semanal, vaya chasco.
Subimos al recinto del castillo, para a pesar de las horribles circunstancias meteorológicas admirar el castillo, la pousada, etc. Bajamos del coche y la lluvia y el viento nos impedían ver más allá de nuestras narices, así que decidimos entrar en el primer sitio que encontráramos, y la suerte estuvo de nuestro lado, precisamente nos dimos de bruces con el restaurante Sao Rosas, que está justo al lado de la Pousada.
Como al día siguiente, martes era también festivo, ese lunes de forma excepcional, no habían cerrado por descanso semanal, así que finalmente conseguimos nuestro objetivo: Comer en el restaurante.
El local es muy pequeño, apenas cuenta con una docena de mesas, pero es uno de los locales más acogedores en los que he estado en toda mi vida. Las paredes están encaladas, son como cuevas excavadas en roca de granito, la decoración es en estilo rústico, pero sobria, sin estridencias.
Aunque la calidad de la comida es excelente, lo que más llamó nuestra atención fue la profesionalidad del servicio, impecable en todo momento. Un camarero nos acomodó en una mesa, y nos trajo la carta para que fuéramos eligiendo lo qué íbamos a tomar, trajo la cubitera con un delicioso vino blanco, que en cuanto veía la copa vacía se encargaba de llenar. El maitre, con infinita paciencia, nos fue explicando cada plato que venía en la carta y que no entendíamos en qué consistía. Al final nos decidimos por cerdo ibérico asado al horno con ciruelas, y compota de manzana y entrecosto (costillas) de cerdo ibérico a la parrilla. Mientras esperábamos a qué llegaran nuestras viandas, degustamos los entrantes: Unos patés deliciosos, de los que dimos buena cuenta. Por fin aparecieron con sendas bandejas, repletas, y nos sirvieron, lo que sería una ración normal en cualquier lugar, pero algo escasa para ser Portugal, nos resultó algo bastante extraño pero no comentamos nada porque la comida estaba deliciosa, cuando terminamos aparecieron para servirnos otra vez, sustituyeron los platos por nuevos platos calientes y sirvieron el resto de la ración restante a cada uno, que estaban calentitas como recién hechas, todo ese tiempo unos 15 minutos habían permanecido reservadas para que no se enfriaran. Alucinamos en colores, un matrimonio que había a nuestro lado pidieron una especie de cocido y estuvieron trayendo platos sin parar durante más de dos horas, y yo que creía que nosotros éramos triperos, al lado de esa gente somos alevines, vaya saque Dios mío. Después de tan pantagruélica comida, no nos quedaban ganas para el postre, y bien que lo sentimos, pues ante nosotros desfilaron las exquisitas “sobremesas, pera en su almíbar, bañada con chocolate caliente, helados y mousse de todo tipo
Salimos satisfechos del restaurante, la relación precio calidad es excelente, os lo recomiendo sin ningún género de dudas, si pasáis por Estremoz, visitad, Sao Rosas, no os arrepentiréis.