Experiencia inolvidable y enriquecedora. La comida, formidable, sana y exquisita. La atención, insuperable. El ambiente, gratísimo, con un suave hilo musical con ópera chill out. Los precios muy razonables. Yo me esperaba una factura más cara. Una buena carta de vinos que además tenía carta de cata para la mayoria de ellos. Cuidados postres,raro para un restaurante japonés. Pudimos observar la maestría del cocinero en el teppanyaki que nos dejó boquiabiertos, lejos de las payasadas que hacen en otros restaurantes"pseudojaponeses". La carta trae explicaciones de los platos e incluso el origen de ellos. Los menús son equilibrados y es imposible elegir entre ellos porque son todos magnificos. Yo he podido disfrutar de muchos restaurantes japoneses por el mundo y les aseguro que como en este restaurante no lograreis disfrutar tanto ni tan plenamente. Por su estricta tradicionalidad, por la calidad de su materia prima, donde el arroz es de una calidad tan superior que es destacable, donde el sashimi es notoriamente mejor que cualquiera que comais en cualquier otro restaurante, su maestro teppanyaky deja las piezas en su jugo y el virtuosismo de sus manos es un juego religioso. Los guisos estan tan cuidados que se hacen exclusivamente para cada cliente. El cuidado por el cliente se vive, se aprecia. Donde comer, no es lo importante, yo voy al restaurante a pasar un momento maravilloso. Y de paso como manjares ancesatrales realizados con recetas avaladas por 3000 años de cultura oriental . Sólo una cosa más. Os aconsejo como postre que pidáis una innovación que se permite el cocinero, la morcilla japonesa, es riquisima, si, leeis bien, la morcilla japonesa de postre.