En la fachada de la Basílica de San Pedro encontramos cinco puertas pero una de ellas permanece cerrada y solo se abre cada 25 años para los años santos (jubileo). Esta puerta la tapían por un lado para que nadie pueda abrirla y es el mismo Papa cuando comienza el año el que la abre para que puedan entrar todos los fieles y ganar la indulgencia jubilar. Cuando finaliza el año el Papa la vuelve a cerrar y queda sellada durante 25 años mas.