Es un lugar encantador, y pienso que mereció la pena recorrer la distancia que nos separa desde Madrid, para pasear por sus calles. Lo mejor de todo, es la catedral de la Virgen del Pilar. Fue muy agradable el paseo nocturno por sus calles.
De las basílicas más bonitas que hay, por no decir la más emotiva. Tras una profunda rehabilitación, su fachada ha quedado preciosa y lista para albergar a la virgen, sorprendente por su pequeño tamaño. Si tienes suerte de ver el manto blanco, te dará suerte.