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Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras (Parque Nacional El Ávila)

1 opinión sobre Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras (Parque Nacional El Ávila)

Adriana Herrera

¡Para caminar descalzos!

Las montañas siempre tienen su toque enigmático y, como siempre digo, El Ávila tiene el poder de reconciliarnos con la ciudad. Esa montaña tiene caminos escondidos. Muchos dicen que hasta se han visto naves espaciales y aunque no dicen con certeza dónde, no hay que negar que a medida que uno se va adentrando en sus rincones, las energías van cambiando.
Uno de sus espacios más ocultos es el Museo de las Piedras o bueno, vamos a llamarlo por su nombre completo: el Jardín de las Piedras Marinas Soñadoras. La única manera que se puede llegar a este lugar es en carros rústicos, en camionetas que puedan atravesar sin problemas las continuas curvas y subidas empinadas del camino. Hay que comenzar a subir por la montaña y usar un poco el instinto para seguir los avisos que van anunciando dónde queda y una vez ahí, existen cuatro reglas absolutas para poder entrar: la primera, es que ningún hombre puede entrar solo. En el grupo debe estar, al menos, una mujer, porque precisamente el Museo, es un templo a lo femenino. La segunda, es que debemos entrar descalzos. La tercera es que en la entrada se debe armar una "llave" que consiste en poner en equilibrio tres piedras y hasta que ese paso no se cumpla, la entrada no está permitida. Una vez superado esta prueba de tolerancia -porque ese es el propósito- la cuarta regla es que se puede tocar todo lo que se vea.

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