Caracas
Experiencias de los viajeros en Parque El Calvario
Adriana Herrera

Esperando a ser descubierto

Muchos no creen que de ese lado de la ciudad, sobre esos casi cien escalones que colindan con la estación del Metro de El Silencio, se esconde un parque con 130 años de historia. Me gustan estos sitios de Caracas que trasladan a otra época, que están como escondidos esperando ser descubiertos. Los caraqueños siempre se quejan del estrés de la ciudad, pero sitios como este, nos reconcilian con su lado más amable.
El Arco de la Federación, construído en 1895, marca la entrada a este parque. Se puede subir en un tranvía, como sacado de una película antigua, o a pie por esos escalones que son como un reto para todo el que pase por ahí. En esta zona se hacía, muchísimos años atrás, la procesión al Nazareno de San Pablo y era tan pesada la escultura y tan empinado el camino, que decían que era como "llevar a Cristo al calvario de su cruz". De allí viene el nombre, aunque en realidad se llama Parque Ezequiel Zamora, pero es más un formalismo.
Una vez arriba, Caracas se abre a la vista. Los jardines son amplios, muy verdes, silenciosos. Fuentes de la época, bancos y el piso, van contando la historia de un parque que fue recientemente recuperado para conservar los vestigios de su propia historia.
De repente, aparece la capilla Nuestra Señora de Lourdes, con su amarillo resaltante entre tanto verde. Un poco más allá, un café, para reposar la caminata. Se camina sin orden, mirando las esculturas que han sido movidas por casi toda la ciudad buscándoles un sitio de reposo. Uno de los espacios más hermosos es la Plaza El Parnaso, cuya estructura, parece que nos traslada a Grecia.
Se puede ir cualquier día de la semana, sin costo alguno.
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