Soy una aficionada a los Paradores y siempre que me lo puedo permitir, cuando viajo por turismo a alguna ciudad, procuro comprobar si tiene Parador y en ese caso alojarme en él.
Al de Chinchón acudí con motivo de una boda y tengo que reconocer que fue una buena idea quedarnos a pasar la noche allí. Se encuentra en el centro histórico de Chinchón, a pocos metros de su famosa plaza porticada, pero no es complicado aparcar porque tiene parking privado para los clientes en la misma puerta del edificio.
Las habitaciones son amplias, aunque del mismo tamaño que pueden tener las de cualquier hotel de cuatro estrellas, pero la decoración me gustó: Rústica, pero con encanto y acorde al lugar. Me extrañó que el suelo fuese de terrazo, porque normalmente en paradores suelen ser de tarima o parquet, pero a ambos lados de las camas había unas estupendas alfombras, que daban calidez al ambiente. Las camas (nos dieron una habitación con dos), bastante confortables.
El baño, inmaculadamente limpio, también era muy amplio, dotado de todas las amenities que te sueles encontrar en todos los paradores.
De las instalaciones del parador, lo que más me gustó fue el patio interior, con un pórtico donde te podías pasar las horas muertas, por la paz que se respiraba. Estaba amueblado y con pinturas en las paredes. También tiene piscina, pero como fuimos en invierno, ni nos acercamos.