Este Palacio perteneció antes de los Borja, a los Duques Reales de Aragón. Posteriormente fue restaurado y agrandado por la familia ducal. El Palacio está declarado monumento histórico-artístico. Esta articulado sobre un gran patio central –Patio de Armas–, en el que destaca una escalera adosada de dos tramos. Cabe destacar el Salón de Coronas, la Galería Dorada, el Salón de Águilas, la cerámica de Manises del siglo XVIII referida a los Cuatro Elementos, la Santa Capilla y todos los recuerdos del patrón de la ciudad que se esparcen por las múltiples y amplísimas estancias del Palacio. En 1964, se incoa un expediente para declararlo monumento histórico nacional.