Si hay algo que me impactó sobre todas las cosas y maravillas que tiene Berlín, ese es el museo judío. Se encuentra situado muy cerca de la Postdam Platz, es decir, que se puede llegar hasta hasta él desde el centro andando, y es una auténtica joya que no deja a nadie indiferente.
Fue construído en el año 2001 y destaca por todo, tanto por su fachada, como por su contenido, como por las exposiciones permanentes o, incluso, por las exposiciones itinerantes que tienen lugar de vez en cuando. Es el museo que más me ha gustado de todos los que he visitado en mi vida.
El edificio se ha construído para que al visitarlo puedes sentir de algún modo las sensaciones que tuvieron los judíos en la época nazi.
Lo primero que se ve es unos pasadizos laberínticos que marean bastante y en los que se exponen diferentes objetos de personas que vivieron en esa época. Desde aquí, pasas a una especie de jardín al aire libre que está invadida de muros de hormigón por los que tienes que ir andando. Es un laberinto que parece que no tiene salida y que hace que los visitantes posean una sensación de vértigo, de temor, de no saber hacia dónde se dirigen.
Por último, para representar el holocausto, el artista Daniel Libeskind, que es el responsable del museo, ha creado una habitación de una altura descomunal completamente oscura en la que te cierras sin querer y sientes una angustia inexplicable. Es realmente espectacular la forma en la que el artista consigue que te involucres en los sentimientos y las sensaciones que podían tener estas personas cuando fueron perseguidas y machacadas.
A parte de estas estancias el museo también alberga otras salas igualmente espectaculares donde se pueden ver y escuchar relatos reales de judíos que vivieron esta etapa e incluso de los juicios que se hicieron contra los que atacaron a los judíos.
Es impresionante, realmente no hay palabras que puedan definir este museo, creo que todo el mundo debería visitarlo porque te hace comprender muchísimo mejor lo que sucedió pero sin caer en tópicos.
Por cierto, para verlo por completo hacen falta más de tres horas, así que os recomiendo que vayáis a primera hora de la mañana o de la tarde. También se muy recomendable que cojáis una guía de audio porque os enteraréis mucho mejor de todo y sólo cuestan dos euros.
Se nos hizo un poco tarde para entrar a este museo, del cual mucha gente nos había comentado lo interesante que era. Diseñado por Kaniel Kibeskind, un arquitecto judeopolaco es uno de los mejores ejemplos de la imaginación arquitectónica en el siglo XX. En forma de estrella, todo en este museo sigue la filosofía de intentar ilsutrar la historia de los judíos en Alemania y las repercusiones del Holocausto. Las largas y estrechas galerías con suelos inclinados y curvas en ziz zag quieren simvolizar los sentimientos de pérdida y abandono que ha sufrido el pueblo judío.
Aunque no os interese entrar es muy interesante acercarse a este edificio ¡con forma de estrella de David alargada! Un edificio fundamental para los amantes de la arquitectura moderna.
Un consejo: La zona donde se encuentra el museo es algo solitaria, conviene no alejarse por los callejones e intentar ir por las avenidas grandes, mejor iluminadas. Berlín es una ciudad muy segura, pero nosotras en la zona nos pasamos más de veinte minutos sin ver a más de cuatro personas por la calle...