Nada mas entrar... Tras haber superado el pasillo de tiendas flanqueadas por frases célebres, llegamos a la primera planta. Un espacio amplio con pequeñas subexposiciones, y amplios ventanales entre vigas que parecen costillas de un esqueleto enorme entre las que podemos ver el cielo azul.
A un lado, un gran péndulo de Foucault de 30 metros de longitud, uno de los más largos del mundo, al otro el monumento al ADN rodeado de niños sorprendidos que no entienden muy bien que representan esas cadenas de colores.
Una multitud de salas con diversos experimentos científicos que han sabido convertirse en herramientas para el entretenimiento de los visitantes junto a las exposiciones (a mi, afortunadamente, me toco una que me encantó, la de super-heroes Marvel) hacen de este lugar, además de espectacular arquitectónicamente un lugar ideal entre el mundo de la ciencia y el lúdico.