Si hay algo destacable y único en Santa Sofía son sus mosaicos. En este edificio podemos contemplar casi sin dudarlo los mejores mosaicos del periodo bizantino, los que sirvieron de modelo y referencia para todo el arte ortodoxo posterior.
A la entrada de Santa Sofía hay que levantar la vista para ver el que es quizás el mosaico bizantino más famoso del mundo: el Cristo pantocrátor, que está encima de la puerta principal.
Pero además, en la segunda planta podemos disfrutar de una interesante colección de fotos y mosaicos en muy buen estado, tan famosos como la Virgen y el Niño, el famoso retrato de la emperatriz Zoe (la de los tres maridos... iba cambiando la cara de su acompañante a medida que iban muriéndose). Hay que destacar el conjunto en el que aparece el emperador Juan, con la Virgen y su esposa Irene... Habría muchos más que destacar... Un paraíso para los amantes del arte, y para que no lo son tanto. Su belleza , composición, el brillo de las teselas de colores... no pueden dejar indiferente a nadie.