Meiji-Jingu Gyoen Tokyo

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En busca de la serenidad

El Meiji Jingu es uno de los templos sintoistas más importantes de Tokyo y Japón. Y unido a él, se encuentran los preciosos jardines que lo rodean, los Meiji Jingu Gyoen, todo un remanso de paz en la frenética Tokio.

Construido originariamente en 1920 y como buena parte de los monumentos de Tokyo, destruido tras la segunda guerra mundial, no ha perdido una pizca del esplendor que tenía en sus orígenes o al menos eso es lo que se cuenta.

Una buena forma de llegar es bajándose en la estación del Japan Rail de Harajuku y dirigirse al sur para entrar ya en terreno sagrado a través de un espléndido Torii de madera.

Tras esto se entra en los jardines, más bien boscosos y que de alguna forma emanan paz y serenidad. Y eso lo digo pese a la invasión de jubilados japoneses que había por la zona aprovechando la mañana de domingo en la que fuimos. (mejor evitar en fin de semana!)

Antes de entrar al templo mismo, se pasa por un buen número de barriles de sake, que en su orden y repetición resultan llamativos.

En el templo en si, no llegamos a entrar, debido a como hemos contado antes, la enorme afluencia de visitantes que había en ese momento. Sin embargo disfrutamos de sus alrededores y de sus jardines. Además, como era un día veraniego lluvioso, tenía todo un aspecto bastante místico, lo que unido a lo frondoso de la vegetación, era el marco perfecto para visitar un lugar de retiro espiritual como este.

Rubén G. Bruna (Brunaita)
Rubén G. Bruna (Brunaita)
hace 11 meses

Meiji-Jingu Gyoen

Dentro del Yoyogi Koen y precedido por unas cuantas toris de piedra enormes y varios destacamentos de ofrendas de barriles de sake, se encuentra el Santuario Meiji.

Los primeros edificios que encontramos eran puestos de venta de amuletos, predicciones e, incluso, poemas del emperador. Después venían las estructuras principales, el templo en sí estaba justo al frente de la plaza del santuario y en su interior tenían un par de taikos enormes (tambores japoneses). La verdad es que no pudimos ver gran cosa más del interior del templo, puesto que estaban celebrando una ceremonia y no dejaban pasar más allá de la entrada, pero gracias a eso, vimos a un monje sintoista vestido para la ocasión, con la túnica verde y el gorro largo tradicional.

Un detalle que me gustó fue que, para los asistentes a la ceremonia, habían preparado una gran cantidad de paraguas, ya que ése día llovía a cantaros. Me pareció bastante atento de su parte.

Karenx
Karenx
16 Febrero 2012
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