Es fácil perderse entre los templos de Hampi, iba a poner ruinas, pero a pesar del tiempo el estado de conservación de los cerca de 350 templos es muy bueno, así es que de ruinas nada. Existen también fortificaciones, un vasto y muy elaborado sistema de irrigación, esculturas, pinturas, establos, palacios, jardines, mercados...
Además de la belleza que contemplamos, no tenemos que pagar por ello (ya que la mayoría de los templos son abiertos) y no suele haber apenas gente.
Una excursión perfecta a través del tiempo y la cultura hindú.
Los templos de Hampi se encuentran desperdigados a lo largo de 26 kilómetros cuadrados en un evocador entorno de monte pedregoso y son la memoria tallada en piedra de Vijayanagar, un imperio fundado hacia el SXIV y que llegó a ser de los más poderosos del subcontinente.
Shiva, Vishnu, Ganesh, columnas musicales, relieves eróticos de mujeres más que sugerentes, un elefante que se arrodilla ante los altares y te bendice con un beso de su trompa, y mucho, mucho calor han sido los ingredientes de un largo pero muy interesante paseo en bicilceta. Se completa con perderse un par de veces, y con deshacerse de los plátanos rápidamente ante la amenaza de tres enormes monos enseñando los dientes.