Este es el sugerente título de la Exposición que el museo Van Gogh de Amsterdam dedica al artista holandés, a su obsesión por la luz nocturna y que nos ha proporcionado la oportunidad de ver la obra de Vincent desde un punto de vista totalmente diferente de como lo habíamos hecho hasta ahora.
Aunque ya no está en cartel, terminó a primeros de junio, me decido a crear este rincón, ya que gran parte de las obras que se exponen, pertenecen al fondo del museo, y por tanto sigue siendo un lugar magnífico.
“A menudo me parece que la noche es mucho más viva y rica en colores que el día.”
Vincent Van Gogh.
¡Cómo no emocionarse con la obra del holandés, que en sólo diez años avanzó en el estudio de la luz y de la técnica más que todos sus contemporáneos!.
Sólo la muestra es ya un viaje en sí misma, comienza en 1880 y seguimos la evolución de Vincent a través de los poemas que leía, la relación epistolar que mantuvo con su hermano Theo, su admiración por Millet, Bretón…, la vida campesina, las dificultades de las clases sociales más desfavorecidas que refleja una y otra vez en bocetos previos a “Los comedores de patatas”.
Van Gogh quiso primero ser predicador, y llegó a regalar todas sus posesiones a aquellos que no tenían nada. Su vida entera está en el filo, su extremada sensibilidad le lleva siempre al límite.
Su época parisina es la irrupción de la luz, del color, Toulouse-Lautrec y Degas en sus dibujos; las estampas japonesas que admiraban los impresionistas (vemos piezas de Hiroshige); Vincent prueba el puntillismo de Seurat, la “pintura de la imaginación” de Gauguin, los juegos de luz y sombra de Rembrandt…
Son sólo diez años en la vida de un hombre, hasta 1890, cuando Vincent decide dejar de ser una carga para su familia y se suicida, pero nosotros podríamos estar toda una vida contemplando sus trabajos.
Toda su obra es un homenaje a los pintores y creadores que admira; está obsesionado con las tonalidades de la luz, también con la luz nocturna.
Poder ver en este viaje “Noche estrellada” del MoMa, junto a “Carretera comarcal en la Provenza por la noche” del museo Kröller-Muller, en Otterlo, y “Noche estrellada sobre el Ródano”, del Museo de Orsay, es algo que no olvidaremos nunca.
La luna, la luz nocturna , las estrellas que Vincent compara con los puntos en un mapamundi nos muestran la obra de un soñador, de un adelantado a su época.
Esta ha sido la excusa de nuestra escapada a la ciudad de los canales, que el Guisante ha exprimido al máximo; nos hemos deleitado con la White Beer en las terrazas con una luz esplendida.
Hemos probado una de las mejores tartas de manzana de la ciudad, en Villa Zeezicht, y las delicias del Pancake Bakery.
Nos hemos codeado con los guapos holandeses en otra noche estrellada, esta vez junto a la Westerkerk, en un local de moda: El Werck, y hemos recorrido un importante número de los más de 1200 puentes que posee esta ciudad.
La obra de Rembrandt del Rijksmuseum y “La lechera” de Vermeer con sus azules y amarillos están ya en nuestra paleta.