Era principios de Mayo y el calor era excesivo para la época, el sol se pegaba a tu piel sintiéndo que ibas a deshacerte en cualquier momento, menos mal que a la sombra y con el airecito de media tarde podías reposar y coger fuerzas para continuar con el paseo por la Mérida Romana, que tantas y tantas cosas ha visto pasar.
Cuatro esquinas tiene la plaza de España de Mérida y en cada esquina un kiosko para tomar el café, un helado, un batido, una limonada. Nos sentamos, no ahora, no a media tarde en pleno agosto, sino en una primavera fresca en la que el tiempo nos ofrece una tregua entre el gran frío y el gran calor de los tiempos extremos. En nuestra esquina hoy toca salvar el mundo, defender posturas políticas que idealizadas suenan perfectas pero que en materialidad tiene escasa relevancia.
Nuestra esquina no resuelve el mundo esa tarde, por lo que preferimos dejar la política para otros y hablamos de arte, de literatura, de cómics y películas. Suenan las campanas de la catedral y levantan el vuelo las palomas. Nosotros también tenemos que dejar la esquina y volver a la vida real. En la que no contamos nada, salvo para la taza del café.