El Gran Cañón Australiano.
La única referencia buena que se me ocurre para describir Kings Canyon es, precisamente, compararlo con el Gran Cañón del Colorado.
Se trata de una formación rocosa en el desierto de origen similar (un cañón esculpido por un río), y aunque no puede competir (ni de lejos) con su equivalente Yanki en cuanto a espectacularidad, sí que resulta un lugar magnífico de visitar por su emplazamiento, completamente aislado en medio del Desierto Rojo Australiano. De entrada, para llegar allí hay que recorrer cerca de 400km desde el aeropuerto más cercano, en Alice Spring.
El trayecto desde Alice se hace a través de la Stuart Highway, la carretera que conecta Alice Spring con Darwin, en el extremo norte del país. El camino tiene todos los ingredientes para una buena “road movie”: Amplios horizontes, kilómetros interminables de carretera monótona y el sol abrasador del desierto australiano. Recomiendo que llevéis vuestra propia banda sonora para acompañar el viaje, porque no hay ni una sola emisora de radio en el camino. Y repostar en todas las gasolineras del camino (que creo recordar solo hay una).
Al llegar al destino, Kings Canyon destaca por su verdor relativo, sobre todo al compararlo con el resto del desierto. También sorprende por su altura, dado que es una de las pocas zonas altas que se encuentran por los alrededores. Pero sobre todo por la soledad que se respira allí. Nosotros viajamos por esta zona fuera de periodo de vacaciones y prácticamente teníamos el parque entero para nosotros solos. Poder disfrutar del desierto australiano de esa forma fue una autentica pasada de experiencia.
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