Mítico, ansiado, soñado.
Mítico, ansiado, soñado. Llegué a Kathmandu en bus desde Pokhara, luego de un apasionante trek de cuatro días por el Annapurna. Hacía ya dos meses que viajaba con mi mochila a cuestas. Había recorrido el norte de la India, y a pesar de que todo el viaje había sido increíble, había dejado la capital de Nepal para el final. Como el postre, como ese pedacito de chocolate que reservamos en la mochila para endulzar la boca, como esa copa de buen vino para el final de fiesta.
Enclavada en el mítico Valle de Kathmandu, la ciudad donde convive el hinduismo con el budismo exiliado del Tibet, donde se mezcla una parte de la increíble variedad de grupos étnicos que habitan Nepal, y cuyos orígenes se remontan al siglo II, es un laberinto a donde asoman templos y palacios construidos en su mayoría en el siglo XVII. Kathmandu no es grande y apenas tiene un millón y medio de habitantes. Pero es un universo, un golpe a los sentidos, un sitio atiborrado de rincones únicos, una ciudad que seduce y desafía a desentrañarla. Instante a instante, cuadra a cuadra, el paisaje urbano cambia y te hipnotiza. Entre los sitios que no puedes perderte están Durbar Square, Kathesimblu Stupa, Tahiti Tole, Asan Tole, Indra Chowk, El Jardín de los Sueños, Thamel, el barrio tibetano de Bodhnath, y la impactante Pashupatinath. Kathmandu es un mundo mágico y misterioso. Desentrañarlo es una aventura fascinante.
Nepal, tierra de altas montañas, de...
Nepal, tierra de altas montañas, de caminos que no tienen fin pero siempre te llevan a un destino. Santones sadhus, monjes budistas, yaks, tradición, amor por la vida, la cuna del budismo, ... Kathmandu, Baktapur, Pokhara, Patán, Jomson, Muktinath, El círculo del Annapurna, el Everest, ... Todos estos destinos dignos de tocar el cielo! Om maní padme Hum!!
Esta curiosa imagen mezcla lo...
Esta curiosa imagen mezcla lo tradicional con lo "moderno". Vemos a un monje rezando con un atuendo tradicional, y al mismo tiempo con sus gafitas para leer su libro de oraciones. Kathmandú es un sitio precioso, muy limpio. La gente es muy amable. Y casi me gustó más que la India, aunque sólo estuvimos dos días.
Eso sí: Unas colas con el visado para entrar... Porque hay que hacerlo en el mismo aeropuerto, y claro, se ponen 200 personas a la vez a lo mismo.... :(
En medio de la plaza principal está esta estupa. Los monjes caminan alrededor de ella, en el sentido de las agujas del reloj. Hay un pequeño restaurante con una terraza desde la que se pueden hacer fotos muy buenas, y se come bastante bien. Es un lugar precioso, lleno de color.