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Isla del Sol

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24 opiniones sobre Isla del Sol

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La isla del sol es una isla muy linda...

La isla del Sol es una isla muy linda del lado boliviano del Lago de Titicaca, en los Andes. Llegas allí por barco, desde Copacabana (siempre la de Bolivia, no de Brasil). En Copacabana hay muchos servicios, ya que es un pueblo fronterizo, podrás cambiar tus soles peruanos por piezas bolivianas, comprar comida y alojarte en los pequeños hoteles de la orilla para unos días de descanso.

La mayoría de la gente va a visitar la isla del Sol de día con el barco, y vuelve a dormir a Copacabana, porque las opciones en la isla para quedarse y comer son pocas. Yo opté por una acampada en la naturaleza. Llegué a propósito un par de horas antes de la puesta del sol, y empecé a caminar hacia la salida del pueblo, para encontrar donde acampar.

La isla es muy rocosa, y nada plana, entonces me costó un poco conseguir un lugar, pero armé mi carpa, con unos niños curiosos que me observaban, su grupito de llama comiendo al lado. Había pedido permiso por supuesto, más que todo para que la población se enterara de mi presencia, y me supiera decir donde no había cultivos.

La puesta del sol sobre el lago fue un momento mágico. La amabilidad de la gente, siempre feliz y sonriendo hizo la estancia muy especial. La isla es muy pequeña y le puedes dar la vuelta caminando en un par de horas, viendo así todos los lados del lago.
paulinette
8
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La isla del sol es bellísima y recorr...

La Isla del Sol es bellísima y recorrerla de punta a punta es todo un desafío para los sentidos y para el cuerpo que dice bastaaaa. Ya que el camino es de 11 km en subida y bajada a 4000 m sobre el nivel del mar. Y como uno no está acostumbrado a la altura y tampoco es un deportista se hace muy muy díficil, tanto que el Huayna Picchu y todas las otras experiencias que tuvimos en nuestro viaje pasaron a ser gratas caminatas.Igual por los paisajes vale la pena el desafío. El lago Titicaca en la isla parece mucho más azul que en cualquier otra parte. Se llega a la Isla tomando una lanchita desde Copacabana.
Sin embargo, a mi la isla del Sol me pareció extremadamente comercial y de explotación del turismo, lo que no sentí en ninguna otra parte de Bolivia. Se vendía hasta piedras que supuestamente eran de ruinas incas. Espero que no lo fueran. Además, las ruinas que hay en ella están muy descuidades y la gente se subia sobre ellas sin que nadie les dijera nada.
Flavia Ramos
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Encuentro con los dioses de la pachamama.

Desde Jujuy, subiendo y cruzando hacia Bolivia, la maravillosa Isla del Sol, lugar para detenerse y pasar unos días, hermosos paisajes y quietud. Gente amigable aunque reservada, merece nuestro respeto y admiración. recomendable totalmente, para mirar cada pequeño rincón, ventana, espacio y paisaje a nuestro alrededor.
Malena Catoni
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Después de vivir durante nueve meses ...

Después de vivir durante nueve meses en Buenos Aires, emprendí un viaje que se alargaría varios meses, recorriendo algunos de los lugares más mágicos de Argentina, Bolivia, Chile y Perú.
Sin duda, este atardecer a finales de 2008, plasmó un momento eterno:
Una tormenta se pasea por el horizonte del majestuoso lago Titicaca, mientras que al otro extremo se distinguen los únicos claros visibles en el cielo, del que emanan luces anaranjadas.
En medio, el la luz del sol se abre camino a través de las espesas nubes.
Fue el momento en el que me sentí más parte del aire, el agua y la tierra.
Angel Crespo Sanz
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Navegar por el lago titicaca es marav...

Navegar por el lago Titicaca es maravilloso, paisaje de contrastes donde podrás explorar por una encantadora isla del sol llena de historias propias que te haré soñar
fernando
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Y eso permanece allá

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.

Ante nosotras se levantó un día radiante, un sol despampanante sobre nuestro y un día de mucha marcha...
Estando en Perú viviendo, decidimos cruzar frontera y dirigirnos a la llamada Isla del Sol, en el lago Titicaca, en suelo boliviano.
Para llegar a esta isla, debemos tomar un bus ya en Cuzco y después de unas cuantas horas llegaremos a la frontera. Hay que pasar control aduano. Una vez los papeles en regla, cruzamos el arco hacia otro destino, Bolivia. Pero no llegaremos a la isla directamente. Una vez allá, nos dirigimos a Copacabana, una comunidad donde habrá que hacer noche obligada para al día siguiwnte dirigirnos a nuestro destino final. Paseamos por el pueblecillo, nos comimos un pankeke cada una (son un postre dulce típico de Perú y Bolivia, brutales!) y conocimos a Armando, un agradable aldeano que nos ofreció ir a comer trucha a una isla flotante de totora cerca de Copacabana. Y claro, por que no? Al volver al pueblecillo, nos esperaba ya la cama listas para dormir y coger fuerzas para el día siguiente... Y no tardamos nada en caer rendidas...
Se despierta el nuevo día con, nuevamwnte, con un cielo despejado de nubes y una agradable brisa donde nos dirigimos al puerto de Copacabana para coger el barco que finalmente nos llevaria a la Isla del Sol. De mientras, música, conversaciones, risas y meditación para el viaje. Una vez llegamos a la Isla del Sol, decidimos seguir a un grupo donde nos explicaria la historia que esconde ese lindo lugar, una isla en el lago Titicaca que, debajo de sus aguas, esconde curiosas leyendas y historias. Aún así caminábamos y caminábamos con mochila en la espalda, como auténticas viajeras, y un sol que cada vez picaba mas. Recorrimos la isla de norte a sur, y entre tantas cosas, alguna anécdota que otra. Aunque sea un lago, se formaban pequeñas calas como si de una playa se tratase y eso es lo curioso del lago, que nada es lo que parece. En una de las primeras calas, una familia de cerditos, cosa que nos chocó pero es si no, su casa. Seguiamos andando, nos deteniamos, contemplábamos ese lugar y de nuevo seguíamos. En una de las fotografias se ve una gran roca con piedras amontonadas en ella. Eso son las ofrendas que hacian la gente que pasaba por ahí. Cada montón, guardaba un deseo que la gente pdeia. Y eso permanece allá. En la isla se verán banderas con cuadrículas ondear; es la bandera indígena. Ahora haciendo un paréntesis hay que decir que Bolivia es la cuna del movimiento indígena en sudamérica.
Ya llegamos a nuestro destino, donde un barco nos esperaba para volver a casa y desde allá de nuevo a Cuzco.
Paula Lizano
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Isla del sol y copacabana

Fotografías de mi viaje por la isla del Sol y Copacabana que está dentro de mi reportaje sobre el Perú.
2H Fotografia
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Reflejos del titicaca

Mi primer viaje a Latinoamérica y fue increíble poder visitar la Isla del Sol y disfrutar de las vistas que ofrece, con el lago Titicaca a tus pies, cual manto de plata. Increible.
Delia Jiménez
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Maravillosa isla del sol en el lago titicaca

Las ruinas de la isla del Sol en el Lago Titicaca de Bolivia son un lugar fascinate y hermoso para vistar. No te pierdas la oportunidad de recorrerlas!!!
Maria Alejandra Benítez Guzzetti
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Energía pura

En un lago a 3800msnm (Titicaca) emerge la Isla del Sol con su pasado inca en cada terruño. Màgicos atardeceres y amaneceres y la paz que sòlo un lugar asì puede transmitir.
Silvana Cavallotti
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Isla del sol desde parte norte

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