En medio de enormes rascacielos, muy...
En medio de enormes rascacielos, muy cerca de la milla de oro de Chicago, prácticamente a una calle del río se esconde (porque entre tanto edificio enorme casi no se le ve) el famoso restaurante de Harry Caray. Bueno, uno de ellos, porque el famoso comentarista radiofónico y speaker de varios equipos tiene varios restaurantes, tabernas y bares por toda la ciudad, incluso en el aeropuerto. Pero, quizás, este sea uno de los más míticos y conocidos. Primero por su construcción. Un edificio clásico donde los haya: Tres plantas, imagen colonial, ladrillo rojo... Todo un contraste ante las moles de hormigón que lo miran desde arriba y le dan sombra casi todo el día. Data de 1895 y empezó a ser restaurante en 1987. Lo presiden a la entrada un mural gigante con una caricatura del dueño y un enorme bate de béisbol que hace las veces de luminoso. Y segundo, por su ubicación, en pleno corazón de la ciudad del viento, a una calle de la avenida michigan y a una o dos de una de las principales zonas de bares de la ciudad. Tiene dos partes, el bar y un restaulante tipo italiano.
El bar en sí es bastante americano. Todo de madera, con ventiladores en el techo, muchas botellas tras la barra y teles, muchas teles para ver el béisbol, softboll, fútbol, baloncesto... Da lo mismo cada día ponen un deporte distinto y los días de gran partido se llena hasta arriba. Hay gran variedad de cervezas y no son demasiado caras. Además, en la barra hay unas patatillas que están bastante buenas y te las van rellenando... Todo un detalle... Aquí, lo mejor son las “pedazo” de hamburguesas para tomartelas en la barra mientras ves un partido con una buena cerveza. Todo un manjar y una sobredosis de grasa.
La otra parte del local es el restaurante. Es un grill italiano, en plan fino pero con numerosas alusiones al deporte y, sobre todo, al béisbol, prácticamente al que ha estado ligada la vida de Harry Caray. Aquí ya se suben un poco más los precios, aunque la comida no está nada mal. La carne es bastante buena.
Junto a todo esto, tiene una pequeña tienda de souvenirs del restaurante, del comentarista y de béisbol en general. Alguna que otra cosa puede estar graciosa, pero tampoco vale mucho la pena. No está mal pasarse si se está por la zona y se quiere disfrutar de una cerveza con una hamburguesa en un sitio típico americano. Además, no es demasiado caro, muy razonable.
Una de las cervezas que más me sorprendieron y gustaron fue la Sam Adams. Bastante recomendable.