Bueno, en nuestra aventura hacia el sur de Marruecos y las dunas de Merzouga visitamos las gargantas del Dadès y del Todra, dos angostos desfiladeros que servían de paso a los nómadas para atravesar el Atlas. Son rincones con un encanto especial pero no hay que olvidarse de las maravillosas sorpresas que te vas encontrando en el camino.
Desde el valle de las Rosas, o simplemente gracias a un bus de Tinerhir, se llega a las Gargantas del Dades. El Dades es un río que permite vivir a la gente de esta región, por el resto muy seca, a 150km después de Ouarzazate.
Hay dos Gargantas cerca de Tinerhir, las del Dades y las del Todra. La principal diferencia es que las del Dades se suben las rocas que la rodean y se observa desde arriba, y las del Todra se mira desde abajo.
Llegas a las Gargantas del Dades por abajo también, pero no se mira tan estrecho ni impresionante, hasta que subas por la carretera, con un bus o a pie (laaaargo!!), para tener una vista panorámica hacia las montañas del Atlas.
En el pueblo de abajo hay servicios de restauración y un par de hoteles, pero no tiene vida de pueblo, solo es una atracción turística así que mejor te quedas en Tinerhir, que es un pueblo agradable y muy animado, y con la influencia beduina, ya que está a la puerta del Sahara.
Puedes seguir tu visita hacia el valle de las Rosas, pero lleva mucha agua y comida que es un día entero de camino y solo por una zona desértica.
Una particularidad interesante es la formación monolítica de los “dedos de mono”, una piedras gigantes con esta forma.