Como extraído de un cuento de “Las mil y una noches” me ha parecido el paseo por los Jardines del Alcázar.
Mezclado con el verde follaje de magnolias y palmeras, pequeños laureles de vistosos colores y perfumadas hojas, limoneros cuajados de verdes limones y naranjos a punto de estallar, los bien podados setos de boj cubiertos en parte por pétalos rosados, aromáticos mirtos, lirios, acantos y el imponderable romero entre otra gran cantidad y variedad de plantas y enredaderas, varias y diferentes fuentes y una preciosa glorieta, conforman el estupendo marco a la magnífica fachada de sus edificios de un color amarillo suavemente intenso y a la vez pastel contrastando con el azul del cielo.
La serenidad que trasmite ese espacio se mezcla con el piar de los pájaros y la imaginación se desborda en una búsqueda incesante de recuerdos para intentar comparar lo incomparable. Un paseo que valió la pena realizar y un lugar al que desearía regresar.