Además de las numerosas momias que hay en el Museo Británico, en la sala 64 se puede ver el cuerpo perfectamente conservado de un hombre egipcio que no fue sometido a ningún proceso de momificación.
El cuerpo es antiquísimo, aproximadamente del año 3400 antes de Cristo, y se conservó casualmente por el contacto directo con la caliente arena del desierto egipcio, lo que le produjo un rápido proceso de secado en todos sus tejidos.
Los objetos que se pueden ver alrededor del cuerpo son auténticos y han sido dispuestos de esta particular manera basándose en lo encontrado e otras tumbas del mugar donde se encontró este cuerpo y del mismo periodo de tiempo.