La ciudad de Heidelberg se ha hecho muy famosa y popular gracias al magnífico castillo que se encuentra situado en la parte más alta de la ciudad, concretamente en una ladera llamada Königstuhl.
El castillo de Heidelberg posee una historia interminable y ha sido ampliado y modificado en muchísimas ocasiones a lo largo de los años. Las primeras obras del castillo se realizaron en 1214, pero, unos años más tarde, en 1294, fue contruída otra parte justo al lado.
Este castillo también ha sufrido numerosos destrozos a lo largo de la historia y los más importantes se debieron a rayos. Las últimas reconstrucciones del castillo se realizaron cerca del año 1.900.
En la actualidad, podemos contemplar una construcción que, a pesar de que posee algunas partes en ruinas, constituye una de las estructuras renacentistas más importantes de todo el norte de los Alpes y por eso cada año miles de turistas se acercan a este lugar para poder contemplar el edificio.
Para poder llegar hay que coger un teleférico que nos sube hasta la cumbre del Königstuhl. Como os podéis imaginar, las vistas que se pueden contemplar desde el castillo de la ciudad de heidelberg son realmente impresionantes.
El castillo está edificado en lo alto de Heidelberg, sobre una fortaleza medieval.
Durante cinco siglos fue la residencia de los Príncipes Electores del Palatinado pertenecientes a la familia Wittelsbach.
Entre los siglos XIII y XVII fue construido y ampliado, convirtiéndose en el siglo XVI en una de las residencias renacentistas más bellas de Alemania. Tras la guerra de los Treinta años y la guerra de 1689 contra Francia el castillo fue destruído casi por completo perdiendo todo su esplendor. En la actualidad, las ruinas son el símbolo de la época del Romanticismo Alemán.
La visita al castillo es impresionante. Yo destacaría la Pulveturm, torre del siglo XIV que formaba parte de las defensas y que muestra señales evidentes de la guerra vivida y el Englischer Bau, restos del edificio que mandó construir Federico V para su esposa Isabel Estuardo en el siglo XVII.
El castillo está abierto durante todo el año de 8 a 17:30 horas. El precio es reducido para grupos y para estudiantes. La entrada al interior vale alrededor de 6 euros.
Dicen que Heidelberg es una de las ciudades en las que mejor se vive de Alemania. Porque se encuentra en un entorno inigualable, por la calidad del aire... Yo no sé si eso será cierto o no, pero sí puedo asegurar que es uno de esos sitios que hay que conocer en la vida. Uno de esos lugares apasionantes que se quedan contigo para siempre.
Llegar a Heidelberg ya es de por sí una experiencia reseñable. Y es que esa zona de Alemania, entre Francfort y Stuttgart, es un paraje bonito, verde, inolvidable. Una vez se llega, la ciudad no desilusiona. Bañada por el río y presidida por el castillo, una maravilla que llama la atención desde lejos para atraparte desde cerca.
Si las calles históricas de la ciudad ya son de por sí bonitas, comenzar a subir la empinada recta que te lleva hasta el castillo es un sudor agradable, necesario. Una vez arriba, hay que dejarse llevar por la naturaleza, por la historia, por la memoria, por el arte. Un lugar de esos que marcan. Unas vistas de las que se guardan en la retina. Una visita obligada para cualquier viajero.
Además, el lugar contiene sitios curiosos para visitar, como el museo de la Farmacia.