Barcelona me engancha. Es bastante adictiva. Uno de los elementos culpables de que así sea es su originalidad arquitectónica. Cuando estuve en la Casa Batló sentí que una casa puede ser mucho más que un simple edificio con paredes y diversas estancias donde poder dormir. Puede ser arte. ¿Arte funcional? Puede también ser humana. ¿Humanización de las cosas? Después de pasear por todos los pisos del interior, me asomé a la ventana, tuve la extraña sensación de que la Casa Batló miraba conmigo con su forma de ojo…
Situada muy cerca de la Casa Milà, la casa Batllò es totalmente diferente.
Pequeña y encajada entre otras dos construcciones pasaría desapercibida si no fuera por que su fachada es muy bella.
Lo más sorprendente es las distintas tonalidades de color que ofrece en función de la luz.
Sus balcones son máscaras
Otra de las genialidades del maestro Gaudí es la Casa Batlló, reformada y orquestrada por el catalán, en forma de restauración de un edificio de 1875.
Considerado como verdadera poesía arquitecónica, este edificio muestra singulares formas que únicamente pudieron ser concebidas por el genio del arquitecto catalán.
Su fachada acristalada, de formas orgánicas y casi animales son motivo de visita de miles de personas diariamente, también cuenta con sala de exposición y visitas culturales en varios idiomas.
Como emblema del modernismo universal, este edificio dispone de varios espacios para diferentes actividades, ejemplo de ello son los salones Jujol y Punta Noble, el desván, la azotea y las curiosas chimeneas.
El colorido es increiblemente atractivo, así como los perfectos acabados dirigidos personalmente por el arquitecto, para no perder la magia y la personalidad planteadas para esta construcción de principios del siglo XX.
Mas de 2500 metros cuadrados hacen constar de que no por pocas razones se nombró a este lugar como Patrimonio de la Humanidad en el año 2005, una maravilla modernista ubicada en el no menos maravilloso y elegante Paseo de Gracia barcelonés.
Dado que teníamos tan solo una tarde para visitar Barcelona, decidimos conocer los lugares más representativos de la ciudad. Así que si hablamos de qué es lo que más caracteriza a Barcelona, seguramente entre las tres primeras cosas que nos vendrían a la cabeza sería el Modernismo. Y no se puede hablar de modernismo sin hacer referencia a uno de los más claros exponentes de la arquitectura modernista, Antoni Gaudí.
Uno de los edificios más representativos y una de sus obras maestras es claramente la Casa Batlló. Situada en pleno centro de negocios, en el Paseo de Gracia, la fachada modernista, concuerda perfectamente con la arquitectura más contemporánea catalana.
Ninguna de nosotras había visto antes nada parecido, así que en cuanto llegamos a la fachada nos pareció algo impresionante. Nos dispusimos a entrar y puesto que nuestra ruta no estaba muy planificada previamente, nos encontramos con que el primer piso estaba cerrado. En el se encuentra uno de los salones más bonitos del edificio. Pero no nos importó y haciendo uso de las audioguías que están disponibles al público, comenzamos a subir. Desde el principio se puede percibir la clara inspiración del arquitecto en la naturaleza. Desde sus vidrios y azulejos que simulan las olas del mar, hasta las barandillas que imitan al ramaje de un árbol. También impresiona la manera de iluminar las estancias y como pasillos bastante estrechos parecen amplísimos con el juego de luces. Al llegar a la azotea descubrimos unas increíbles vistas de la ciudad así como las chimeneas decoradas con el peculiar estilo del artista. Sublime.
Raul
dijo:
Ir a Barcelona y no ver las dos casas nobles de Gaudí en el centro de la ciudad es un pecado. La casa Batlló por dentro es impresionante. Quizá pueda parecer un poco cara la entrada, pero merece y mucho la pena ver los muebles, la concepción interior del arquitecto y ver cómo cuida todos los detalles. De visita más que obligada.