No nos gusta saturarnos de museos y lugares "oficiales" de visita. Las calles son el principal reflejo de las ciudades y las gentes que vienen en ella. Los bares, los mercados... Allí es donde está la gente y la personalidad de una ciudad. Incluso el lavabo de un museo nos puede dar pistas de cómo son las gentes de algún lugar. Algunas instantáneas hasta pueden hacernos entrar en una película de Fassbinder... Aunque éste sea alemán y estemos en Bélgica.
Las calles de Bruselas me parecieron hermosas, encantadoras con sus fachadas continuas, estrechas y escalonadas, con ornamentacion "rococó" o francamenete ostentosa, como la que puede verse en las Casas de los Gremios de la Plaza Mayor. Calles cubiertas de asfalto pero también de adoquines, o de baldosas, siempre algo húmedas, por los frecuentes chaparrones, que dejan el aire limpio y fresco, aún a fines de verano (no olvides llevar un paraguas plegable...).
Me sentí segura en ellas, la primera tarde salí sin la cámara y fue una estupidez, recorrí el barrio de mi hotel (sector Plaza Meisser) y casa 10 metros quería fotografíar algo, una mampara, una plazoleata, el diseño de una ventana... Bueno, me gusta la arquitectura y la de lo dos primeros cascos de la ciudad me alucinó. No me refiero a los edificios públicos, que son muy bellos, sino a las simples casas burguesas, de 3 - 4 pisos, donde viven viejos, estudiantes, parejas jóvenes con sus niños... (la zona de los edificios de la UE no es lo mío).
Otro elemento atractivo de sus calles son sus mercaditos, de verduras, frutas y flores o los tipo "feria de las pulgas", los hay en diferentes barrios y las personas acuden a ellos con sus carritos y canastos.
Es una ciudad a la que me gustaría volver algún día, esta vez con más tiempo, para caminar más sus calles.
Las calles de Bruselas son grises, limpias pero algo desgastadas. Tiñen sus aceras ese color pardo que refleja el cielo, como si la amenaza de lluvia fuera perenne. Salgo de mi portal en verano, con sandalias, hace buen tiempo. A los tres segundos me ha caído un chaparrón encima que me obliga a usar de nuevo el secador.
Otra característica es que no todos los días puedes sacar la basura y el día que toca, todas las aceras están plagadas de bolsas. Todas iguales, porque se han de comprar así, a modo de tasa municipal. Dicen que si no usas la bolsa correcta pueden subir a tu casa y multarte. ¿Cómo averiguan que es tu basura? Abren la bolsa y le examinan las mondas de mandarina, imagino, y mientras, los detectives especializados en basuras siguen instruyéndose en la materia. Materia residual, sí, pero al fin y al cabo materia.
También existe una solidaridad explícita en estas aceras que a continuación explicaré. Bruselas es una ciudad muy de paso, de contratos temporales y becas, por lo que las mudanzas son frecuentes. Así, quien se va deja en la puerta de su casa el mobiliario y demás enseres que ha ido acumulando y que no se puede o no se quiere llevar.
Entonces, los que llegan nuevos a la capital belga recogen lo que les viene bien para ir amueblando su apartamento recién alquilado. A mí me dieron un armario, pero sin pasar por el trámite portal de la acera, ya que me lo ofreció directamente el becario de mi empresa que se iba. Era un armario de esos tipo tienda de campaña con cremallera y tres perchas. A mí me hizo mucha ilusión. Cuando me fui se lo dejé a la nueva inquilina de mi apartamento, una amiga italiana que, con mi partida, mejoró sus condiciones de vida.