Mas que el incalculable valor de sus palacios y que sus fascinantes mezquitas, yo destacaría Marrakech por la posibilidad que ofrece de descubrir el día a día de la vida en Marruecos. Es un poco un tópico, pero la ciudad se explora mucho mejor sin recurrir a los mapas (que por otro lado resultan de poca utilidad). Es mejor, en mi opinión, dejarse llevar donde le lleve a uno el instinto y alejarse, si se puede, de las zonas mas turísticas y de los zocos.
Lo normal es uno de esos paseos es que se rompan muchos estereotipos e imágenes preconcebidas. La vida trascurre con tranquilidad por entre las calles de Marrakech y, guías improvisados aparte, nadie suele molestar excepto para decirte bon jour.