Es el típico sitio clásico para turistas, a un paso del Duomo, con una decoración llamativa y excesiva, y con pocos lugares donde tomar algo por los alrededores. Es donde acabas picando por agotamiento. El servicio bueno y rápido, pero recomendable sólo para tomar un café o un refresco y descansar las piernas del pateo turístico, las pizzas no valian nada, y los precios, desorbitados.