Reconozcámoslo. Nuestra capacidad de hacer arte de algo tan funcional como una cabina de teléfono o un buzón de correos está a años luz de la de los ingleses. En Londres el color rojo se ha convertido en objeto típico, no sólo de los servicios públicos de la capital, sino también del turista que acude a la ciudad con tantas ganas de hacer una foto al Buckinham Palace como a la cabina del teléfono.
Un amigo me dijo hace años que llegaría un momento en el que todos tendríamos un móvil, si no dos, en nuestro bolsillo. Me pareció aquello una barbaridad en aquellos momentos en que el aparatillo era tan solo usado por ejecutivos y albañiles. Ahora visito Londres con mis tres móviles en el bolso y me digo: Ay Teresa, quien te ha visto y quien te ve, enganchada al trabajo, al duo y al resto del mundo por tres hilos invisibles que te pillan donde quiera que vas siempre que no estés sin batería, fuera de cobertura o sin saldo, posibilidades las tres bastante inoportunas.
Así que sonrío al ver las cabinas de teléfono y me imagino una película protagonizada por el Alfredo Landa británico en una cabina de estas rojas. Creo que imposible.
Miskita
dijo: