Junto con la diosa budista Tara este bronce del dios hindú Shiva es de lo más destacable de la impresionante colección de arte asiático del Museo Británico, en la sala 33.
Su origen está en el sur de la India y es del año 1100 aproximadamente.
El dios Shiva está representado bailando a la vez que un arco de fuego le rodea. Se trata de una de las representaciones más conocidas del arte indio y figuras como estas suelen estar en santuarios y también suelen mostrarse en desfiles durante festivales religiosos en India.
Tiene cuatro brazos y entre su alargado pelo hay una imagen de la diosa Ganga, la personificación del sagrado río Ganges, que cayó a la tierra a través del pelo de Shiva.
Según la creencia hindú, el dios Shiva aparece al final de un ciclo cósmico y al principio del siguiente por eso se le asocia con la creación y la destrucción. El tiempo en la cultura hindú es cíclico en vez de lineal como en la cultura occidental, de ahí la forma de esta figura.