Berliner Dom, la catedral de Berlín, es el edificio más impresionante de la ciudad. Se encuentra situado en el centro, muy cerca de todos los museos y de Alexander Platz es es una auténtica maravilla.
Se trata de un templo luterano que fue construído entre 1895 y 1905 en el mismo lugar en donde se encontraba otra catedral de estilo barroco. Como todos los edificios de Berlín, durante la segunda guerra mundial, la catedral fue gravemente dañada y tuvo que ser reconstruída. En 1993 vio la luz tal y como se puede contemplar hoy en día.
Se trata de una de las catedrales luteranas más grandes del mundo, ya que se creó con la idea de que fuera como la de San Pedro de Roma para los católicos. Pero lo que más impresiona, por lo menos desde mi punto de vista, no es el tamaño, sino la belleza que posee. Es una arquitectura realmente armónica que posee una solemnidad indescriptible. Puedes estar horas y horas contemplándola desde fuera, ya que posee cientos de esculturas y ornamentaciones maravillosas.
La entrada es gratuíta, aunque para poder acceder a la cúpula, al museo y a la cripta hay que pagar, pero merece la pena.
La iglesia es sí es una maravilla. Es un espacio abierto. A diferencia de las iglesias de España, no posee capillas, sino que todo el espacio lo forma la iglesia principal., así que cuando entras te quedas alucinado por lo grande que es. El techo es una auténtica maravilla, posee unas pinturas impresionantes, y el retablo es impactante, todo dorado y de un tamaño descomunal.
Pero si hay algo que llama sobre todas las cosas la atención es el maravilloso órgano que está situado en uno de los laterales.
La parte baja de la catedral es una cripta y se puede visitar. Se llama la cripta de los Hohenzollern, porque se encuentran aquí los sarcófagos de varios miembros de esta familia de Reyes. Es realmente curioso.