Uluru es de esos (pocos) sitios del mundo que, sencillamente, sobrepasa nuestra capacidad de comprenderlo de un solo vistazo. Su aspecto cambia según la hora del día y la distancia a la que te encuentres de él. Es absolutamente sorprendente y en serio merece la pena visitar este sitio, al menos una vez en la vida.
La mejor forma de maravillarse con su tamaño es rodear su base andando. Así, a tu ritmo, puedes descubrir los incontables detalles de la roca, observar su superficie, que parece casi un ser vivo de lo cambiante que es. Recuerdo que hicimos los más de 9 kilómetros de recorrido casi en trance, sin poder creer, sin llegar a entender, el pedazo de piedra que teníamos delante. Si no se disponen de las 4 horas de recorrido se pueden hacer secciones del sendero, que dan una buena idea de lo que supone Uluru.
Se dice que este es el sendero humano más antiguo de la tierra, dado que los Aborígenes australianos lo realizan desde hace decenas de miles de años. Uluru para ellos tiene una significación sagrada que es difícil de entender para los no-aborigenes y algunas partes del recorrido están cerradas al público, por formar parte de sus rituales sagrados. No os perdáis el nombre de una de ellas (en foto), en concreto de la zona de Mala. Las traducciones juegan malas pasadas….