Este sitio es fantástico, se lo recomiendo a toda la gente que sea amamte de la tranquilidad y le guste apreciar las maravillas de la naturaleza. Es ideal para perderse durante unos días y desconectar del ajetreo de las grandes ciudades. Es fundamental no olvidar la cámara de fotos en todos los desplazamietos que se realicen en cualquier rincón de esta espectacular isla.
Ajaccio es la ciudad más grande de Córcega y también uno de los centros comerciales más importantes de la misma. Acostumbrados a las pequeñas localidades del resto de la isla las dimensiones de Ajaccio pueden asustar, pero si se compara con cualquier ciudad europea es un lugar de pequeñas dimensiones.
Una de las cosas que más fama internacional le ha dado a Ajaccio es que es la ciudad natal de napoleón Bonaparte. Muchas otras ciudades francesas explotarían al máximo este asunto, pero en Ajaccio no se le da mucha importancia, ya que los corsos nunca se han considerado muy franceses.
Ajaccio no destaca por ser una de las ciudades más bonitas de la isla, pero en ella se pueden realizar todo tipo de actividades y se pueden encontrar numerosos monumentos y edificios de gran interés. Además, aunque no es una maravilla en su conjunto, sí que posee preciosos rincones llenos de encanto.
El centro está formado por numerosos edificios con colores suaves que pueden recordar a alguna ciudad italiana. Posee además numerosas plazas llenas de árboles y plantas y todas las calles de esta zona están repletas de tiendas donde se venden todo tipo de productos típicos y turísticos.
Entre los lugares que vale la pena visitar destacan el Museo Fesh, que posee una de las más importantes colecciones de pintura italiana de todo Francia, tan sólo es superada por el Louvre. Este museo fue creado por el cardenal Fesh en 1839, quien consiguió atesorar más de 16.000 pinturas y objetos de arte.
También hay que visitar la biblioteca municipal de Ajaccio, que se encuentra junto al museo Fesh y que fue construida en 1868. La entrada al edificio está custodiada por dos leones de piedra de grandes dimensiones que fueron donados por el cardenal Fesh. Esta biblioteca fue encargada por el hermano de Napoleón, Lucien Bonaparte, en 1801 para guardar los miles de volúmenes que se habían ido adquiriendo con el tiempo y los más de 12.000 libros que fueron confiscados durante la Revolución Francesa a los aristócratas emigrados y a los miembros de las órdenes religiosas. El interior de la biblioteca es espectacular, ya que es una sala enorme y alargada que está repleta de libros antiguos.
Más cosas que hay que ver en Ajaccio, por supuesto, la ciudadela, que data del siglo XV y está situada junto al mar. Durante la Segunda guerra Mundial fue utilizada como prisión y actualmente se encuentra en un excelente estado de conservación. La única época en la que se puede visitar el interior de la misma es en verano, el resto del año está cerrada al público.
En Ajaccio también destaca la catedral de Santa María, fue construída en el siglo XVI y posee un estilo veneciano inconfundible. También es conocida porque fue el lugar en el que se bautizó a Napoleón Bonaparte.
Por último, también merece la pena visitar el museo du Capitellu. A través de él se puede conocer toda la historia de la ciudad gracias a las colecciones de pintura y de obras de arte que posee de las diferentes épocas.