Mi madre tenÃa un pescadito dorado con escamas articuladas. Era un colgante que perdió no sé dónde pero que hace mucho que no veo. Hoy estoy delante del Guggenheim y he vuelto a recordar aquel pescadito, partido en trozos pero que tan perfectamente encajaba. Dicen en el museo que el autor, Frank Gehry, no presentó ningún proyecto al concurso, salvo una servilleta con los bocetos que habÃa pintarrajeado en el hotel unas horas antes. Verdad o leyenda el caso es que el museo es todo un acierto, un ejemplo de hacia dónde deben dirigirse las ciudades. No hay una foto que salga fea. El brillo del titanio, la transparencia del cristal, el azul del rÃo... Sólo el edificio merece una visita a Bilbao.
Desde pequeña he ido al menos una vez al año a Bilbao y siempre me ha parecido una ciudad que tiene algo especial, pero he de reconocer que desde que se creó el museo Guggenheim este encanto se ha intensificado más si cabe. En muy pocos años se ha convertido en uno de los edificios (si no el más) emblemáticos de la ciudad y con razón. El visitante puede pasarse horas y horas disfrutando del exterior del edificio sin cansarse. Como colofón creo que tanto "Pupi", el famoso perro de césped como la araña gigante de metal que se encuentra situada en el otro lado del edificio hacen que el Guggenheim sea único.
No me cansarÃa de contar maravillas sobre el edificio, pero desgraciadamente mi opinión cambia radicalmente cuando hablo del interior del museo. Sin duda ha sido uno de los museos que más me han decepcionado de todos los que he visitado. Antes de nada he de reconocer que el arte vanguardista no es muy fuerte y no tengo muchos conocimientos sobre el mismo, pero aún asà creo que deberÃan mejorar muchas cosas. Primero, en mi opinión, la guÃa interactiva que ofrecen al principio lo único que hace es provocar aburrimiento e incluso agobiar al visitante ya que se extiende demasiado con todos los detalles y la voz resulta excesivamente monótona después de diez minutos. Segundo, en cuanto a las exposiciones (sobre todo las temporales) creo que intentan ser tan vanguardistas a la hora de elegir a los autores que se pasan y traen obras demasiado densas para el público general que, al fin y al cabo, es el que paga religiosamente para poder disfrutar del museo.