Un restaurante increíblemente acogedor en el que las dos camareras que me han atendido en ambas ocasiones, lo han hecho con dedicación increíble. Parece un negocio familiar ya que a la camarera la hemos escuchado alguna vez hablar acerca de su madre, refiriéndose a quien está en la cocina.
Al principio tenía mesas no decoradas pero ahora parece que han acabado la decoración y tiene mesas bajitas, pero no son incómodas dado que las sillas también lo son.
La comida está buenísima. La especialidad es el cus-cus pero los entrantes no son para nada despreciables, todo lo contrario. Si se llega tarde faltarán entrantes, así que recomiendo no ir tan tarde como he ido siempre (he ido más tarde de las 22:30, así que normal que les faltaran cosas).
Los postres son pastelitos árabes y la especialidad la torta con chocolate, muy buena.
Un sitio que recomiendo, y no es caro, tan sólo ronda los 20 euros por persona.
Adjunto un par de fotos que se pueden encontrar en cualquier guía de restaurantes de Madrid por internet.