La violetera de la madrileña calle de Alcalá, en Amterdam vendería tulipanes. Pero no sólo de tulipanes viven las floristas holandesas, menos descaradas que las castizas españolas, pero parece que en este país tampoco hay que insistir mucho ni desplegar técnicas de márketin para conseguir que alguien te compre un ramito.
Es más, los ramos son enormes y la gente se los lleva como quien compra el pan. Nosotros paramos la bicicleta que hemos alquilado para conocer esta ciudad sobre ruedas y nos paramos a contemplar las flores que brillan ante este extraño sol de invierno.
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