La cala de San Pedro es uno de los pocos reductos hippies que quedan en España. Son muchos, y no sólo hippies, los que, tienda de campaña en mano, acampan ahí durante un tiempo indeterminado. La playa es de agua cristalina, rodeada de una montañita que dista 45 minutos andando de la carretera. En el agua se puede bucear y ver gran cantidad de peces y plantas y, además, se puede hacer piragüismo y otros deportes. En la cala hay sólo dos bares, uno en la orilla y otro en un castillo en ruinas. La carta, lógicamente, es muy limitada, pero permite sobrevivir al calor y la sed. Es un lugar que emana tranquilidad y, si se tiene tiempo, es perfecto para olvidarse del mundanal ruido y la vida ajetreada. Por unos días, uno puede sentirse una persona libre y sin preocupaciones. Para acceder hay dos formas. Una es a pie, durante 45 minutos, por un camino rocoso que baja por una montañita por la carretera. Espoco recomendable, sobre todo para la vuelta. La mejor opción es ir al pueblo de Las Negras y allí coger una lancha-taxi. Por nos 12 euros te llevan y te traen a la hora que eliges y, si tienes suerte, el conductor te llevará por alguna de las cuevas naturales que hay de camino. Además de ahorrarte la paliza de andar, esta forma de llegar permite disfrutar de un paisaje distinto de la zona, disfrutando del mar y de los acantilados metiéndose en él. Eso sí,hay que agarrarse bien.