Este edificio del XIX fue construído para albergar el Parlamento alemán y surgió como símbolo de la unidad nacional y de las ganas de construir un Imperio (hay que recordar los afanes"exploradores" de los alemanes de la época en África y Asia).
Ha sido el escenario de acontecimientos tan improatnes como la declaración de la República de Weimar en 1918, el alzamiento de la bandera soviética tras la Segunda Guerra Mundial o la primera reunión de Estado tras la caída del Muro de Berlín.
A pesar de las interminables que se forman para acceder a su interior, subir a su espectacular merece la pena (si se tiene tiempo). Desde ella los mandatarios occidentales solían mostrar a las visitas cómo era el lado este de Berlín, ya que el Muro transcurría pegado a la parte oriental del edificio.