Este pequeño barrio, situado a las orillas del río Spree es un rincón inolvidable de Berlín. Su centro es la iglesia medieval de San Nicolás (Nikolaikirche) y todo el barrio respira esa atmósfera antigua que algunas veces se echa de menos en Berlín.
Es el lugar perfecto para pasear o tomar algo en una terraza. Turistas y hosteleros lo saben, y por eso está siempre lleno de gente. En esta zona se alzaron algunas de las casas más antiguas de Berlín (es su microcentro) antes de que fueran destruidas durante la Guerra. Tras su casi completa destrucción, el gobierno comunista intentó (con bastante éxito) recrear un pequeño pueblo medieval en la zona. Aunque la intervención es algo artificial el lugar tiene bastante encanto: calles estrechas y sinuosas, pequeños y acogedores cafés, mesones históricos... Un lugar muy popular y siempre animado que no hay que perderse.
Es un lugar muy bonito que desentona un poco con el resto de la ciudad. Me gustó mucho, y recuerdo que habían varias tiendas de osos de peluche que merecía la pena ver.